abr 122013
 

El Pulso 12 04 13

 

Érase una vez, en un lugar no muy lejano llamado Murcia, y no ha mucho tiempo, vivía un Fiscal Jefe que se dedicaba ( presuntamente ) a perseguir a los gobernantes de un partido llamado Partido Popular. Este Señor, que gozaba de gran poder y de “amistades peligrosas”, estaba casado con una bella dama, que casualmente era la abogada del partido de la oposición llamado PSOE.

El cuento lo conocemos todos, y termina con 45 cargos del PP imputados, de los que 43 después resultaron absueltos de los delitos de los que se les acusaba. Así es que si me preguntan si deben dimitir los representantes cuando sean imputados mi respuesta es clara: Sí, pero sólo cuando la justicia sea realmente independiente y no se utilice para acabar con la carrera política de nadie, máxime cuando después se demuestra su inocencia pero su vida en política resulta tocada de muerte. 

“La presencia del fiscal  jefe ha sido habitual en algunas reuniones del PSOE y de las plataformas afines”.

Vamos, que no es algo que diga yo, es que todos los medios de comunicación se hicieron eco.

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